Paper Holidays

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Day 2. Halloween…

Written By: Miguel - May• 07•12

Era una fría tarde de invierno. A esas alturas podía considerarse prácticamente que era de noche aunque eran tan solo las seis y media de la tarde… Cada vez los dias eran mas cortos debido al cambio de hora y Hugo y sus amigos que tenían catorce años tenían que salir muy pronto porque sus padres no les dejaban quedarse hasta muy tarde. Pero Halloween era un dia importante asi que los padres se habían puesto de acuerdo para dejarles hasta las once. Si bien es verdad que a Lucía y su hermana pequeña Ana sus padres les estuvieron dando la tabarra todo el dia con que tuvieran cuidado.

Cuando el reloj empezó a sonar anunciando que eran las siete las hermanas se fueron con mucha prisa a reunirse con los demás. En un principio habían hablado sobre ir a pedir caramelos a las casas, o eso era lo que sus padres creían. Al final habían decidido que eran demasiado mayores para eso y habían quedado al lado en un descampado a las afueras de la ciudad. Cuando estuvieron los cinco entraron a los frutos secos a comprar sus propios dulces:

- Hugo ya que entras comprame a mi unos chicles de menta – le dijo amablemente Ana dándole el dinero. Hugo asintió como un perrito mientras ella salía por la puerta.

- ¿Qué quieres chavalín? – le dijo Ángel, el hombre que llevaba la tienda y bastante metomentodo preguntó después – ¿Es esa tu chiquilla?

“¿Chiquilla en serio? ¿Quién decía eso?” pensó Hugo y contestó sin hacerle caso – Dame cinco chicles de menta y una bolsa de gusanitos. ¿Cuánto es?

- Un millón – contestó creyéndose muy gracioso.

 

*                         *                           *

 

Iban ya de camino a la Casa del Loco. Habían quedado en el descampado precisamente por que querían hacer algo especial en Halloween, ¿y que podía haber mas especial que ese lugar?

- Según cuenta la historia – empezó Diego-  esta casa en ruinas era antes una fabrica de pan pero el dueño se volvió loco y decidió prenderla fuego con todos los trabajadores dentro. Se dice que si subes al segundo piso, que era donde estaba él, a veces se oyen voces y gritos.

- Vaya tontería, seguro que es todo mentira  y lo haces para asustarnos – dijo Cristina que no le temía a nada. Pero dio un respingo cuando Hugo comenzó a gritar como un loco y Cristina vio que señalaba detrás de ella.

En una décima de segundo e incluso estando a oscuras, Cristina y los demas pudieron percibir la figura de un hombre ahorcado en un árbol. Todos salieron corriendo, Diego el primero guiando a los demás y se resguardaron en el primer sitio que encontraron: la casa del loco.

- ¿ Qué hacemos? – dijeron a coro Ana y Lucía con un gesto de horror en la cara.

- No lo se pero no estamos en el mejor lugar por si no os habiais dado cuenta -dijo Cristina exasperada, a modo de respuesta.

- Vale, el que sea que ha colgado a ese hombre ahí todavía puede estar por aquí cerca – matizó Hugo.

- Llamemos a la policía y que vengan a buscarnos – gritó Diego y al ver que todos asentían sacó su movil para llamar – No tengo cobertura desde aquí.

Uno a uno fueron comprobando el movil pero ninguno tenía cobertura, ni les daba señal el teléfono.

- Tenemos que pensar un plan B – Diego se paseaba de un lado a otro nervioso mordiéndose las uñas.

- Tengo una idea – dijo Cristina harta de esperar – a la de tres salimos todos corriendo hacia la civilizacion, ¿entendido? Una, dos y…

- ¿Hola? -  se oyó una voz detrás de ellos.

No hizo falta decir tres, todos salieron disparados por la puerta de la casa gritando con aquel hombre persiguiendoles. Pero de repente apareció otro de frente y cogió a Hugo. Diego que estaba justo al lado le dio una patada al hombre pero a él también le habían cogido. Las chicas se quedaron quietas, sin saber si huir o ponerse a llorar ya.

Uno de los hombres, el que sujetaba a Diego encedió una linterna y apuntó a algo que tenía en la mano. Era una placa de policia. – ¿Qué os pasa chicos? Estais muy alterados, no os vamos a hacer nada. Hemos venido por que unos vecinos que paseaban al perro han oido gritos.

Hugo se deshizo del abrazo del otro policía y gritó con nerviosismo – ¡Hay un hombre colgado entre esos árboles! – mientras señalaba al pequeño bosque que rodeaba la casa.

Los policías no dijeron nada mas y se acercaron hacia donde los niños habían señalado con las linternas y con mucho cuidado. De repente desaparecieron de la vista de los niños y al poco volvieron a aparecer. Uno de ellos dijo con gesto adusto – ¿ Es una broma? – dijo enseñándoles el supuesto hombre muerto colgado del arbol. Era un maniquí.

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