Dalia me mira a los ojos

May 4th, 2012 by Daniel Guajardo

Mi mejor amiga es lesbiana y la quiero por eso

Somos amigas desde niñas y hace un año me contó que le gustan las chicas. No me molesta ni me preocupa. Es como hablar con un amigo gay, aunque con un grado de complicidad mayor.

Hoy nos juntamos a estudiar en su casa. Se hizo tarde y avisé que me quedo a dormir, no es la primera vez y como ya decía, no me preocupa… No me preocupaba, hasta ahora. Porque apenas nos pusimos los pijamas Dalia comenzó a hacerme preguntas complicadas, el tipo de preguntas que me cuesta confeccionar con mis propias palabras.

Hasta que me preguntó qué opino de la virginidad. Me puse roja, no pude hablar. Dalia se disculpó, no era su intención hacerme sentir incómoda. Y todo esto lo decía mirándome a los ojos, acostadas en la misma cama.

Lo que pasa, me dijo, es que hace pocos días descubrió que la virginidad es absurda e irrelevante. Es una traba, un grillete de la Iglesia forjado en torno a una característica transitoria de nuestra anatomía. Ninguna mujer moderna llega virgen al matrimonio, y si el novio insiste en ello, se le puede engañar, su abuela lo hizo. ¿Quiénes se pasan la vida exigiendo la virginidad ajena? Solo las mojigatas, las brujas que nadie quiere y las solteronas de parroquia. Es su venganza sobre el resto de las mujeres.

No se trata de nacer sin virginidad, dijo Dalia. Hay una edad para cada cosa. Y cuando descubrió que su virginidad era absurda, acabó con ella y ahora puede disfrutar de propia su sexualidad sin el trauma de la “primera vez”. Hizo el gesto con los dedos para hacer las comillas.

Yo estaba acalorada. No acostumbro hablar de sexo y menos con mi mejor amiga que además es lesbiana. Pero tampoco tenía miedo. Al contrario, creo que entendí a dónde quería llegar con este rodeo sin muchas indirectas. Y me gustó esa sensación.

Me miraba a los ojos y estoy segura que supo que yo entendía. Se estiró hasta el velador, extrajo un marcador de pizarra, una calceta de lana vieja y un condón en su empaque. Envolvió el marcador con la calceta hasta dar forma a un falo imperfecto, y lo cubrió con el condón.

Cerré los ojos mientras ella besaba mi entrepierna.

El bebé viene en camino

May 3rd, 2012 by Daniel Guajardo

Es mujercita y se llama Amanda. Todavía falta para que nazca, en septiembre llegará a zapatear en mi alma la princesita. Por mientras me la imagino enojona y mandona. No sabe na, que no seré un padre de esos que dicen que bueno a todo.

Quiero que sea feliz, nada más. Que tenga la información que importa cuando la necesite, y que la vida no la pille pajareando. Que se enamore, que pololee harto, na que enamorarse de un puro pelotúo para toda la vida. Después cuando haya reconocido el valor de la independencia y de la compañía deseada, pues ahí que conviva o se case o cualquier variable responsable. Solo me importa que sea feliz.

Por ahora mi única preocupación real es que no me falte la plata, para que a ella no le falte nada. A mi Amanda.

Se arrienda habitación en barrio Bellas Artes

May 2nd, 2012 by Daniel Guajardo

Solo soy un ser humano

El aviso lleva un tiempo pegado en un poste a la salida del metro. A veces me detengo a mirar si alguien se interesa y me emociono cuando una chica se detiene a leerlo. No me produce nada ver a un tipo que lo revisa, y menos si anda disfrazado de hípster tercermundista. Ya no confío en esa gente, no después de la Kata.

Cuando se trata de alguien vestido de terno o con traje de ejecutiva, me asusto. Esa gente esforzada que trabaja en horario fijo y sale temprano en la mañana al gimnasio o a trotar, esa gente estructurada… me aterra. Sobre todo porque sé que no les va a gustar vivir conmigo. Y porque algunos que he conocido, se enloquecen el fin de semana, algunos comienzan incluso el jueves. Y son el tipo de gente que no te deja dormir con su hueveo nocturno.

La verdad es que en este barrio solo hay hípsters y ejecutivos. El resto de la fauna solo va de paso.

Desde que pegué el aviso hasta hoy solo recibí una llamada. Y preguntaron por la señora Tina.

Hace un mes que estoy solo

May 1st, 2012 by Daniel Guajardo

Maldita Hipster Tacaña

La Kata se fue un lunes como hoy hace cuatro semanas. No tenía muchas cosas aquí, su mochila se balanceaba medio vacía en su espalda y de ese momento triste, conmigo de pie en la puerta actuando ofendido y autosuficiente, solo recuerdo sus piernas pálidas y delgadas, los bototos enormes y el short jeans con las perneras arremangadas.

Ella dormía en la pieza de al lado, pero algunas noches venía a visitarme. Su piel cálida y egoísta, sus manos tiernas recorriendo mi pecho, me hacen extrañarla cada vez que despierto con frío. Fueron tres meses fabulosos en los que recordé que soy hombre y que la felicidad es posible.

Una vez fui a su cama, imaginando que podía recurrir a su calidez de la misma manera que ella usaba mi exceso de energía, pero me echó a gritos, ofendida. La Kata era una mina egoísta, los colores del mundo se dividían según su prisma y yo estaba para servirla.

El trato era que ella pagaba los gastos comunes y yo me hacía cargo del arriendo. Y como decíamos en mi casa, cada uno mataba su chancho. Solo así yo podría sobrevivir a este año de vacas flacas. Pero la Kata se comía mis reservas de arroz y fideos, y tenía el refrigerador lleno de zapallos italianos y lechugas. Comida para lagartijas anoréxicas.

Al final tuve que pedir un préstamo para pagar las compras del supermercado y ése fue el primer síntoma. Cuando le pedí a la Kata que no se comiera mi comida, se ofendió, se humilló, que quién era yo para insultarla así. Dijo que se iba a marchar y yo no la detuve. Al final se fue, hace cuatro semanas. Y lo único que recuerdo son sus piernas flacas, sus piernas pálidas y suaves abrazando mi cuerpo algunas noches afortunadas.

Y se fue sin pagar los gastos comunes del último mes. Estoy en problemas.

La lluvia me habla

April 27th, 2012 by Daniel Guajardo

Soon

Me dice que hubo días peores, que me tranquilice, vendrán días felices con ese sol brillante que no calienta pero que sube el ánimo y dan ganas de pasear, subir a la montaña y tomar café caliente abrazado de mi amor.

Me recuerda cuando llovía y partía a caminar por el parque O’Higgins durante horas en vez de ir a clases. Cuando estaba enamorado y me imaginaba caminando a su lado, compartiendo mi paraguas y ella colgada de mi brazo.

Me recuerda sobre todo esas veces que tenía que caminar kilómetros para comprar parafina, y en el trayecto me tocaba cruzar calles como ríos torrentosos, los vehículos al pasar me dejaban cubierto de lodo y al regresar a casa con el combustible estaba mojado hasta los pliegues del escroto, frío y desmotivado. Tomaba una ducha rápida y recuperado de la hipotermia me sentaba frente a la estufa a calentar los pies y tomar una sopa en un tazón.

Hay gente que se deprime con el invierno y la lluvia. A mí lo que me deprime es la nieve. La odia.

Lo bueno es que en esta ciudad nieva una vez cada cinco años.

Se cortó Internet en la oficina

April 26th, 2012 by Daniel Guajardo

La Bella Anarkista, el Pollo Knight, y el Perrop

Y me sentí completamente inútil. Todo mi trabajo ocurre en la nube, todas mis labores del día están sindicadas en una lisa de tareas… en una página Web. Mis compañeros de pega hacen otras cosas, diseñan gráficos, revisan documentos descargados en el Dropbox. Yo me meto en páginas y navego.

Comprendí que soy dependiente de la Web. Y adicto. Me entró el pánico. ¿Abría mejor un libro y me ponía a leer? Ni siquiera tenía acceso a mi blog para escribir. Sí, podía hacer un documento de texto y escribir ahí, luego copiar y pegar en el blog. Pero tenía pánico, no había nada que hacer.

Pasaron las horas e Internet regresó a saltos. Algunas páginas no se abrían, otras cargaban con velocidad inusual. No tenía ni radio para escuchar las noticias de la calle. Afuera la gente se movilizaba y ocupaba la Alameda, y yo a pocas cuadras mirándome el ombligo.

A la hora de salida no había hecho absolutamente nada. Me pasé el día comprobando el estatus de Internet, reiniciando el computador, saliendo a fumar.

Patético.