Archive for the ‘True Story’ Category

El bebé viene en camino

Thursday, May 3rd, 2012

Es mujercita y se llama Amanda. Todavía falta para que nazca, en septiembre llegará a zapatear en mi alma la princesita. Por mientras me la imagino enojona y mandona. No sabe na, que no seré un padre de esos que dicen que bueno a todo.

Quiero que sea feliz, nada más. Que tenga la información que importa cuando la necesite, y que la vida no la pille pajareando. Que se enamore, que pololee harto, na que enamorarse de un puro pelotúo para toda la vida. Después cuando haya reconocido el valor de la independencia y de la compañía deseada, pues ahí que conviva o se case o cualquier variable responsable. Solo me importa que sea feliz.

Por ahora mi única preocupación real es que no me falte la plata, para que a ella no le falte nada. A mi Amanda.

La lluvia me habla

Friday, April 27th, 2012

Soon

Me dice que hubo días peores, que me tranquilice, vendrán días felices con ese sol brillante que no calienta pero que sube el ánimo y dan ganas de pasear, subir a la montaña y tomar café caliente abrazado de mi amor.

Me recuerda cuando llovía y partía a caminar por el parque O’Higgins durante horas en vez de ir a clases. Cuando estaba enamorado y me imaginaba caminando a su lado, compartiendo mi paraguas y ella colgada de mi brazo.

Me recuerda sobre todo esas veces que tenía que caminar kilómetros para comprar parafina, y en el trayecto me tocaba cruzar calles como ríos torrentosos, los vehículos al pasar me dejaban cubierto de lodo y al regresar a casa con el combustible estaba mojado hasta los pliegues del escroto, frío y desmotivado. Tomaba una ducha rápida y recuperado de la hipotermia me sentaba frente a la estufa a calentar los pies y tomar una sopa en un tazón.

Hay gente que se deprime con el invierno y la lluvia. A mí lo que me deprime es la nieve. La odia.

Lo bueno es que en esta ciudad nieva una vez cada cinco años.

Se cortó Internet en la oficina

Thursday, April 26th, 2012

La Bella Anarkista, el Pollo Knight, y el Perrop

Y me sentí completamente inútil. Todo mi trabajo ocurre en la nube, todas mis labores del día están sindicadas en una lisa de tareas… en una página Web. Mis compañeros de pega hacen otras cosas, diseñan gráficos, revisan documentos descargados en el Dropbox. Yo me meto en páginas y navego.

Comprendí que soy dependiente de la Web. Y adicto. Me entró el pánico. ¿Abría mejor un libro y me ponía a leer? Ni siquiera tenía acceso a mi blog para escribir. Sí, podía hacer un documento de texto y escribir ahí, luego copiar y pegar en el blog. Pero tenía pánico, no había nada que hacer.

Pasaron las horas e Internet regresó a saltos. Algunas páginas no se abrían, otras cargaban con velocidad inusual. No tenía ni radio para escuchar las noticias de la calle. Afuera la gente se movilizaba y ocupaba la Alameda, y yo a pocas cuadras mirándome el ombligo.

A la hora de salida no había hecho absolutamente nada. Me pasé el día comprobando el estatus de Internet, reiniciando el computador, saliendo a fumar.

Patético.