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Dalia me mira a los ojos

Friday, May 4th, 2012

Mi mejor amiga es lesbiana y la quiero por eso

Somos amigas desde niñas y hace un año me contó que le gustan las chicas. No me molesta ni me preocupa. Es como hablar con un amigo gay, aunque con un grado de complicidad mayor.

Hoy nos juntamos a estudiar en su casa. Se hizo tarde y avisé que me quedo a dormir, no es la primera vez y como ya decía, no me preocupa… No me preocupaba, hasta ahora. Porque apenas nos pusimos los pijamas Dalia comenzó a hacerme preguntas complicadas, el tipo de preguntas que me cuesta confeccionar con mis propias palabras.

Hasta que me preguntó qué opino de la virginidad. Me puse roja, no pude hablar. Dalia se disculpó, no era su intención hacerme sentir incómoda. Y todo esto lo decía mirándome a los ojos, acostadas en la misma cama.

Lo que pasa, me dijo, es que hace pocos días descubrió que la virginidad es absurda e irrelevante. Es una traba, un grillete de la Iglesia forjado en torno a una característica transitoria de nuestra anatomía. Ninguna mujer moderna llega virgen al matrimonio, y si el novio insiste en ello, se le puede engañar, su abuela lo hizo. ¿Quiénes se pasan la vida exigiendo la virginidad ajena? Solo las mojigatas, las brujas que nadie quiere y las solteronas de parroquia. Es su venganza sobre el resto de las mujeres.

No se trata de nacer sin virginidad, dijo Dalia. Hay una edad para cada cosa. Y cuando descubrió que su virginidad era absurda, acabó con ella y ahora puede disfrutar de propia su sexualidad sin el trauma de la “primera vez”. Hizo el gesto con los dedos para hacer las comillas.

Yo estaba acalorada. No acostumbro hablar de sexo y menos con mi mejor amiga que además es lesbiana. Pero tampoco tenía miedo. Al contrario, creo que entendí a dónde quería llegar con este rodeo sin muchas indirectas. Y me gustó esa sensación.

Me miraba a los ojos y estoy segura que supo que yo entendía. Se estiró hasta el velador, extrajo un marcador de pizarra, una calceta de lana vieja y un condón en su empaque. Envolvió el marcador con la calceta hasta dar forma a un falo imperfecto, y lo cubrió con el condón.

Cerré los ojos mientras ella besaba mi entrepierna.