Pues tendremos que aceptarlo: es una posibilidad. Puede que nadie nos lea. Nunca. Puede que nuestros escritos queden absorbidos (que no leídos) en la gran vorágine de Internet. ¿Y qué podemos hacer? Al afrontar esta terrible posibilidad, nos quedan varias soluciones: o bien nos cabreamos y dejamos de escribir (¿para qué si nadie nos lee?). O bien escribimos pase lo que pase. Y así nos acercamos a otro debate. ¿El escritor necesita lectores que lo justifiquen? Y ahí cada cual que se conteste. Lo que es seguro es que la escritura, cuando es necesidad, no puede ser eludida, ni aun cuando no sea leída.
Adelante pues.
