Mujeres de Senos Grandes

Historias de las mujeres que marcaron mi día

Juliana

Written By: Axel Alviso - Apr• 26•12

Juliana tenía senos grandes. Estudiábamos en la misma secundaria y desde aquel entonces recuerdo mi afición por observar escotes. En ese tiempo era mi mejor amiga, y yo su mejor amigo, su incondicional, su todo. Su todo menos su novio. Nunca me vio como una opción, y sin embargo yo le pensaba por las noches, casi todos los días. Le pensaba en forma de poemas, le pensaba en sueños eróticos, le pensaba en besos, le pensaba mucho. Durante todos esos años, de fantasías adolescentes y enamoramientos bárbaros, le conocí algunos novios, me contaba de ellos. A veces me alejaba, dos o tres semanas, luego la volvía a buscar, ella nunca lo hizo, y yo le echaba la culpa a su signo: Acuario.

La manera en la que la conocí fue por demás extraña. Ella me coqueteaba desde el segundo piso, me gritaba “invítame de tu paleta”, y yo no le hice caso. Un amigo, mucho más observador que yo, me dijo “Está guapa, háblale”, “¿Guapa?” pensé, “¿Que podría tener de guapa esa… chaparra?”. Ese mismo día mi amigo me señaló nuevamente a la joven gritona. “Es ella”, me dijo, “Es ella”, me dije.

La acompañé a su casa, la acompañé una y otra y otra y otra vez, durante tres o cuatro años, y lo que más recuerdo al verla caminar por la noche, era la manera en la que meneaba sus caderas y empujaba su mochila de mezclilla azul. Tenía unos ojos enormes y unos senos voluptuosos que siempre me invitaban a observarlos. Tenía unos rasgos hermosos, que compartía con su madre, sin embargo, ésta no poseía ni la mínima belleza que le había heredado a su hija.

Desconozco en qué momento me puso la etiqueta de “mejor amigo”, y yo la odié por eso, moría de ganas de plantarle un beso. Recuerdo la ocasión en que inventé que era mi novia. Le ofrecí disculpas al día siguiente y ella sonrió, siempre creí que disfrutaba verme en esa situación. El eterno enamorado.

Nunca le pedí que fuera mi novia, tenía miedo a su rechazo, y sin embargo fue mi primer amor.

Recuerdo perfectamente una ocasión en que me abrazo como si fuéramos novios, nos recargamos en un auto y ella me abrazó de frente, acercando su sexo al mío. En ese momento tuve una erección, ella la sintió y pareció no inmutarse, como su fuera algo que quería sentir desde hace mucho, me miraba a los ojos, yo comencé a sudar, tenía miedo, y ella no se quitó. Alguna vez me abrazó y sentí perfectamente sus senos, pude notar que no estaban nada firmes, ese día me decepcioné y me di cuenta de lo mucho que fantaseaba con ella.

En alguna ocasión, mientras ella tenía novio, fui a verla. Muy seria me dijo que su novio no quería que nos siguiéramos viendo. Le hice ver que un novio que te pide eso, era un novio machista, controlador. Me explico ella de los celos que tenía de mí, que se la pasaba hablando de mí con él y eso a su novio le molestaba. Creo que lo tomé como un halago. Me dijo que si tenía qué escoger entre yo y su novio, lo prefería a él. Le lloré, le lloré en el hombro. No para rogarle, no para suplicarle, le lloré porque sabía que era la última vez que nos íbamos a ver. Ella también lloró. Esa noche llegue a mi casa desconsolado, me fui a acostar y a llorarle toda la madrugada.

A veces fantaseaba con que ella me buscaba, que se arrepentía, que me decía que me amaba. Sabía dónde vivía, sabía quiénes eran mis amigos, había formas de buscarme, y sin embargo nunca lo hizo. Algunas veces pasé por su casa, esperando encontrarla en el camino, después supe que se mudó a no sé donde diablos. Alguna vez, mientras manejaba, una mujer con un niño en brazos se paró en la esquina, le cedí el paso, no la reconocí en ese momento, hasta que vi su cara de sorpresa, era ella. No supe qué hacer, avancé y por un momento soñé que gritaba mi nombre y yo regresaba.