George mascaba su pastelito mientras bebía un latte caliente, en esto constaba su break de todos los días: Dejaba su cab estacionado en lime street, luego iba por un café y un pastelito a una cafetería que quedaba a la vuelta. Apenas entraba el dueño le servia “lo de siempre” intercambian un par de palabras vanas, como viejos compañeros, y luego George volvía a su cab, prendía la radio, escuchaba un rato las noticias y antiguos clásicos del Merseybeat. Luego volvía a su trabajo, llevaba unos cuantos pasajeros al día, tramos cortos, tramos largos, a veces un grupo de turistas que no entendían su acento de Liverpool, éstos siempre eran los que más dinero le daban, en sus largos recorridos por el centro o por los barrios residenciales de la antigua clase obrera portuaria.
Aunque siempre quiso ser médico, y los estudios le ganaron, tenía una buena vida. Se levantaba de lunes a sábado temprano y llegaba no tan tarde, a causa del trabajo, cenaba lo que cocinaba su esposa, hablaban de las noticias locales y luego se iban a la cama, juntos, tal como hacían desde hace quince años.
- ¿Me amas? – Le preguntó ella.
- Siempre. – Le contestó él.