Mordisqueaba concienzudamente la onza de chocolate que le habían puesto para acompañar el café con leche. Arrancaba trocitos minúsculos con sus pequeños dientes afilados, como uno de esos roedores que se ven en los escaparates de las pajarerías. Le encantaba saborearlo poco a poco, postergando el momento del último bocadito.
La cristalera le devolvía una imagen que le resultaba familiar. Sus ojillos oscuros brillaban con deleite mientras sus dientecillos desmenuzaban la chocolatina. Su pensamiento se trasladó a tiempos pasados. Todo había empezado hacía mucho. De niña siempre había sentido inclinación a morder cualquier cosa que estuviera al alcance de su boquita, hábito que le había traído no pocas reprimendas. Consiguió controlar sus impulsos con mucho esfuerzo y la ayuda de un psicólogo infantil. Sin embargo, le quedó una pequeña manía. Siempre que besaba a alguien de su familia le daba un pequeño y cariñoso mordisco. Esa costumbre le había valido el apodo de “la lobita”.
“¿Dónde está la lobita?”, preguntaba su padre cuando volvía a casa tras la jornada laboral. Y ella trotaba para lanzarse a sus brazos y darle el bocadito de rigor. “Esto sólo lo debes hacer en casa”, le recordaba su padre.
Pero un día no pudo evitarlo. Quizás actuara imbuida por el espíritu rebelde de la adolescencia. O puede que fuera el efecto de aquellas primeras copas de vino. Lo cierto es que cuando su primo le presentó a aquel amigo suyo, casi sin pensar le arrancó un trozo de mejilla de un bocado redondo, perfecto. El sabor de la sangre inundó su boca, metálico, caliente y… delicioso. El pobre muchacho se apartó inmediatamente, entre lágrimas, lanzando aullidos de dolor.
En ese momento supo que lo volvería a hacer sin dudarlo. Le gustó sentir la carne desgarrada entre sus dientes, la fuerza de sus mandíbulas arrancando trozos palpitantes de otro ser. Muy probablemente acabara ingresada en alguna institución para enfermos mentales, pero sabía que, tarde o temprano, volvería a hincarle el diente a alguien. Realmente, ¿qué diferencia había con morder una zanahoria?